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Aprende más sobre el frackdown

02 de noviembre de 2015

Estimado Jefe de Estado/Parlamentario,

Se acerca la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Paris (COP 21) y queremos pedirle que tome una acción decisiva; no sólo a partir del establecimiento de objetivos para la reducción de emisiones, sino también, confrontando explícitamente la necesidad fundamental, basada en la ciencia, de mantener los combustibles fósiles bajo tierra. Concretamente, le solicitamos que rechace la fractura hidráulica (fracking) y el uso de acidificación para la producción de petróleo y gas natural y toda la infraestructura relacionada con estas técnicas. Usted debe tomar medidas para realizar una transición radical hacia un futuro con energía 100% renovable, y necesaria para remediar el calentamiento global y contar con una garantía para la estabilidad del clima.

El pasado diciembre, el Gobernador Cuomo de Nueva York, finalizó una revisión sobre los impactos del fracking en la salud que se tradujo en la prohibición de esta práctica en el estado de Nueva York. Esta decisión siguió el ejemplo de países como Francia y Bulgaria que también han prohibido el fracking. Esta medida es una respuesta a la cada vez más grande evidencia científica sobre los impactos negativos del fracking, que incluyen la contaminación del aire y agua, problemas en la salud pública, y terremotos, sin contar con los impactos significativos de la minería para arenas de fracturamiento, oleoductos y otros proyectos de infraestructura en las comunidades, el medio ambiente y la salud pública en general.

Con respecto a los impactos climáticos, es cierto que la quema de gas natural produce menos dióxido de carbono que la quema de carbón o petróleo. Por esta razón, el gas proveniente del fracking ha sido promovido como favorable para el clima y considerado un “combustible de transición.”[1] Sin embargo, la realidad es que el gas proveniente del fracking es la transición hacia el caos climático sin un horizonte de salida. Hay tres razones básicas para ello.

En primer lugar y principalmente, un aumento en el uso de gas natural en el sector de la electricidad, no sólo desplaza a otros combustibles fósiles, sino también desplaza soluciones más limpias, como la eólica, la solar y la eficiencia energética. Estas soluciones son fundamentales para enfrentar el desafío climático, aún así, el fracking y la infraestructura energética expandida basada en el gas continuará impidiendo su desarrollo.

En segundo lugar, a más gas natural, más metano, un potente gas de efecto invernadero que se fuga más de lo esperado de pozos y tuberías.[2] Como consecuencia, el aumento de emisiones de metano provenientes del uso de gas natural en lugar de otros combustibles fósiles desplaza, y puede superar, la disminución de dióxido de carbono utilizado que justifica el uso de gas natural.

Tercero, dejando de lado los problemas de la industria con relación a la fuga de metano y enfocándonos solamente en el dióxido de carbono, la extracción y quema de gas proveniente del fracking nos amenaza con la liberación significativa de más dióxido de carbono de lo que el mundo puede permitirse. Para evitar los efectos irreversibles del cambio climático, casi todo el gas natural que podría ser extraído por medio del fracking debe permanecer bajo tierra sin ser quemado. Ese es el caso, incluso, si se tomara una acción global decisiva para disminuir el uso de petróleo y carbón.

Para ilustrar este último punto, es ampliamente aceptado que no más de un tercio de las reservas probadas de combustibles fósiles pueden ser consumidas antes del año 2050, si queremos tener una mayor posibilidad de evitar los 2 grados centígrados de calentamiento global. Sin embargo, estas estadísticas subestiman el problema de dos maneras. Primero, sólo se basan en las reservas probadas – sin contabilizar la mayor parte del gas proveniente del fracking, el petróleo del Ártico y el petróleo de arenas bituminosas que ahora están en la mira. Casi todo este petróleo y gas debe permanecer bajo tierra. Segundo, la estimación de las reservas probadas de combustible sin quemar deriva de la ciencia sobre el clima que ha quedado obsoleta, y el umbral de 2 grados es demasiado permisivo. Los científicos del clima son claros cuando dicen que incluso superando los 1,5 grados de calentamiento global los impactos serán inaceptables, particularmente en el Sur Global.

En otras palabras, si hemos de mantener la estabilidad de nuestro clima y la salud del planeta no podemos seguir caminando por un camino energético basado en los combustibles fósiles. A pesar de este hecho, los grandes intereses han logrado convencer a muchos gobiernos de que el gas de esquisto proveniente del fracking es un inofensivo “combustible de transición” hacia energías renovables. Este es un punto de vista peligroso y extremadamente erróneo.

El mundo se enfrenta a una crisis climática que ya ha traído impactos devastadores y que se espera escalará a niveles catastróficos sin no se toma una acción rápida. El fracking es la inacción, y va en la dirección opuesta del desarrollo de sistemas energéticos sostenibles accesibles a todos y basados en la utilización eficiente de los recursos energéticos seguros, abundantes, asequibles y renovables, sujetos a condiciones y limitaciones regionales.

En la cumbre sobre el clima en París, debe quedar claro que fracking para el gas de esquisto, gas compacto, el metano en capas de carbón y petróleo apretado, así como otros métodos de extracción extrema de combustibles fósiles, son incompatibles con la estabilidad climática. Le pedimos que apoye la prohibición del fracking y los procesos relacionados con el mismo, tanto en las políticas nacionales como en los relativos a los acuerdos internacionales, y hacer explícita la necesidad de maximizar la cantidad de combustibles fósiles que deben mantenerse bajo tierra y sin quemar.

Atentamente,

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[1] Es importante notar que en los últimos años, alrededor del 75 por ciento de la perforación y fracturamiento hidráulico en los Estados Unidos se ha enfocado en el petróleo, no en el gas, y sin ninguna intención de beneficiar al clima.

[2] Según el Quinto Informe de Síntesis del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de 2013, el metano del gas y el petróleo es 87 veces más potente para atrapar calor que el dióxido de carbono, en equivalencia de peso, en un periodo de 20 años y 36 veces más en un periodo de 100 años. Podría decirse que, debido a los puntos de inflexión del clima, el período de 20 años debería ser el objetivo principal. Las mediciones atmosféricas de las cantidades actuales de metano sobre los campos de petróleo y gas indican emisiones mucho mayores que las estimaciones de abajo hacia arriba basadas en los informes de la industria.